Nadie sabe bastantes cosas
Nadie sabe de que estoy muriendo, ni siquiera yo.
Así de fácil, nada de que dos más dos son cinco, ni que la carrera o el football, el piqueteo en mi brazo derecho, o las llamadas para molestar a la gente, ni eso ni nada.
Solo yo y la lectura, solo yo mismo y algunos cuentos de Cortázar, por el momento.
Escuchen el canto de las aves a las cuatro de la madrugada.

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