Juego yo y juegas tú
Cuando estamos despiertos, el amor cabe en el abdomen, en el pecho o incluso en el dedo meñique, pero al dormir no cabe en esos lugares y es ahí cuando va hacia nuestro cerebro y juega como un niño pequeño, dando brincos, riendo y crea imágenes que no sólo disfrutamos, sino que no entendemos como es que algo que cabe en nuestro dedo meñique durante el día nos haga sonreir estando tan lejos de la realidad, es decir, estando dormidos.

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